Esopo fue, según cuenta la tradición, un esclavo frigio en la Grecia del siglo VI a.C. No tenía poder, no tenía voz en la asamblea, no podía señalar a los poderosos con el dedo. Entonces inventó otra cosa: puso a hablar a una zorra, a una cigarra, a un lobo, a una tortuga. Y en boca de ellos, pudo decir lo que ningún humano se atrevía a decir.